texto del catálogo

"A la mañana siguiente se encontró con que las imágenes de la víspera habían germinado en su mente" Balzac.

"Parecen gritar, pero no, es el eco que viene desde lejos"

"It" Stephen King.

Sucede a menudo que cuando en nuestro pensamiento se agolpan varias ideas al mismo tiempo, bajo un extraño sistema de compensaciones, nuestras emociones comienzan a recibir el excedente que la razón por sí sola no puede alojar, y aún así, cercanos a una mayor sensibilidad para resolver problemas, por una especie de inhibición al dolor, regresamos a nuestra mente. El arte da cuenta de este agotador sistema de pensamiento y probablemente las obras más conmovedoras hayan nacido de su interrupción, es decir, de un mayor equilibrio entre el mundo de la razón y el de las emociones.

Preservando la intuición y los encantos de la inteligencia que le da su talento, Isabel consigue ese "equilibrio" trasladándose en su obra de uno a otro extremo con gracia y facilidad. Donde muchos podríamos trastabillar, ella sortea los peligros y deshilacha los problemas sin abandonar las obsesiones y las preguntas permanentes, aún mas, se interroga exacervando las estados, dándole forma a los momentos alucinatorios, de terror o muerte, pero sin dejar de profesar el amor sobre las impresiones de su entorno. Vayamos a su obra para que se entiendan mis palabras.

Con un método de trabajo exhaustivo, Isabel va desarrollando su obra por etapas. La primera y quizas la más inhacible; la de mayor permanencia anticipatoria incluso a su propia voluntad, es aquella que viniendo más allá de cualquier mundo posible expande las fronteras reales ingresando en lo onírico. Para esto usa la fotografía como medio para registrar sus imágenes, aquellas que le vienen de los sueños o de situaciones domésticas pero alteradas por su percepción y estado de ánimo. Luego las imprime combinándolas en grandes hojas de papel vegetal, en el cual, por el mismo sistema de reproducción, llega a explotar su grano y minarse de accidentes que recogerá luego para intervenirlas con pintura o algun material corrosivo a la emulsión del papel. La aparición de la pintura será a veces parte constituyente de la imagen y otras complementaria, irá hilando formas abstractas con partes reales o asaltará el soporte pero no para destruirlo sino para terminarlo.

En cuanto a sus imágenes, fijas o en movimiento como en los videos, por elección propia y ubicación en el espacio, le dará una extrañeza temporal a su obra que la dimensionará en el terreno de lo fantástico. Las cosas en manos de la artista flotan, se deforman, se secan, desaparecen, vuelven a aparecer o simplemente mueren. Estos arrebatos en los que se empeña por inocular cierta especie de estado lisérgico no dejan de provocarnos un gusto dulce. Es que quizás ese candor de lo opuesto lo da su mismo modo de manipular las cosas. Como esos niños, que libres de toda moral, diseccionan los insectos con encantadora ingenuidad. Recuerdo ahora un pequeño diálogo que tuve con la artista y me gustaría compartir con ustedes.

Le pregunté en una ocación qué era lo que estábamos viendo en una de sus fotos que yo no podía descifrar:

-Ah, eso- me señaló con su mirada.

-Si.

-Una babosa.

-Como las babosas que aparecen en otras fotos- le dije contento de haber descubierto algo.

-No, es la misma, la misma que aparece en todas.

-La misma!! ¿Y cómo hiciste para conservarla?

-Bueno, la secuestré, se escapó del vasito, la seguí usando, la saqué a la terraza y la empecé a filmar sobre las pinturas.

-¿Y por qué ahí está más finita?

-Porque se escapó del vaso que tenía un agujero muy chiquito.

-¿Y dónde está ahora?-Le dije mirando para mis costados como sintiéndome en presencia de alguien más.

-La manipulé tanto que la maté sin querer- me dijo algo acongojada.

Después de un silencio compartido con aire de duelo recuerdo que pensé que con su obra, exceptuando el trágico final, de alguna manera hace algo parecido, la embiste con la constancia que le revela su asombro permanente.

Pienso en el terror y en su costado más lúdico y recuerdo a Hitchock que en una ocación, hablando de su película "The Birds", reveló que la idea de los pájaros que agreden a la gente le fué inspirada en un hecho real, originado por una enfermedad de éstos similar a la rabia, pero que había decidido que el film fuera una especulación, una fantasía, porque aquella verdad le parecía "demasiado horrible y seguramente menos bonita".

El terror venido por el camino de Isabel, se hace sentimental, nos da la pauta de algo tenebroso y sombrío a la vez que nos congoja, como esos momentos en que el odio que engendra un desamor se convierte en ternura por su capacidad evocadora y lo que creíamos tan alejado se vuelve próximo.

En una obra tan llena de rincones cualquier intento de decirla cuanto menos, es atrevido, queda en ustedes la posibilidad de aprehenderla.

Fabián Burgos.

Buenos Aires 27 de mayo, 2006

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